Sunday, July 20, 2014

Y así nos fue en el día del noño, lomdice El Universal.

http://www.eluniversal.com/caracas/140720/cultura-y-musica-enriquecen-la-celebracion-del-dia-del-nino

Saturday, September 03, 2011

Él Me Contó un Yo Conocí


Yo conocí a un hombre que un día se me acercó y me dijo:
 “Yo conocí una vaca que no había visto nunca el mar, pero le hablaron de las olas, de las playas, de las islas; oyó hablar de sus aguas, de sus peces, de los pulpos, de los calamares, los camarones y los caracoles; le dijeron de los puertos, los barcos, los veleros… Tanto le contaron que la vaca se enamoró del mar. Y tanto se enamoró que, de tan solo pensar en él, coloreaba de azul”.
Mis oídos se maravillaron al escuchar aquellas palabras, yo había escuchados historias, anécdotas, pero aquel cuento me hizo recordar a alguien muy especial, y así se lo hice saber.
Acto seguido le pregunté cómo lograba que sus cuentos fuesen tan maravillosos, a lo que el me respondió:
“los cuenteros de mi pueblo no comenzaban sus relatos con “había una vez…” o “erase una vez…” simplemente decían: “a mí me dijeron…”, Fulano me contó…”  o “andan diciendo por ahí…”. Con tanta seguridad lo afirmaban que uno sentía que habían estado allí, que habían vivido, como vivían, lo sucedido.
Por eso mucho de mis cuentos comienzan por yo conocí…”
Ante aquello no me quedos más que decirle a aquel hombre que me enseñara a contar cuentos, pero con aquella sabiduría que se refleja en sus ojos y que hasta ahora nadie le ha podido discutir, me dijo:
A contar cuentos no se enseña, se aprende.
Y le pregunté: ¿entonces me puede contar como aprendió a contar cuentos?
Una mañana, temprano, recibí una carta de un pariente recién fallecido. Me nombraba como único heredero de unas tierritas suyas. Eso de tener un pedacito de "tierra propia" entusiasma a cualquiera, y decidí irme hasta allí. Recogí mis pocas cosas en un saco y cargué con unas moneditas de oro que, con esfuerzo, tenía guardadas. Las tierritas en cuestión no eran grandes, ni pequeñas, eran como para uno. Y con una pequeña casa, además. La zona llana, con alguna que otra lomita, y algo seca. Con muchos chivos, correteando y comiendo por todos lados. Menos en mis tierritas. Allí, todo estaba bien cercado, por los chivos, supongo. Cuando llegué, casi entrando a la casa, me di cuenta de un detalle: no conocía nada de tierras, de cultivos, de cosechas. Comencé a entristecerme. En eso, se acercó un campesino, a conocerme, y se ofreció para ayudarme.

-¿Son buenas estas tierras? - le pregunté.
-A ver, déjame averiguarlo - me respondió, mientras recogía un pequeño puñado de ella, lo amasaba entre los dedos y la palma de la mano, lo acercaba a su nariz y lo olía, como saboreándolo.
-No
sólo buena -agregó enseguida - ¡Muy buena! ¡La mejor de estos lados!
-¿Qué sembrarías en ella?
Olfateó de nuevo el pequeño puñado de tierra, que aún tenía en la mano.
-Maíz. Si nos ponemos de acuerdo, te ayudo en lo que necesites.
-¿Qué me propones?
-Si tú consigues la semilla... hasta te puedo acompañar a elegirla... te enseño a sembrarla. Eso sí, vamos a mitad con lo que se coseche.
El trato me pareció bueno. Y, comenzamos a cumplirlo. No voy a decir que no me cansé. Mucho. Buscando las semillas. Aprendiendo a sembrar. A traer agua del arroyo para regar lo sembrado. A esperar que nacieran las plantas. A verlas crecer. A cuidarlas de los chivos. Todo los días, de seis de la mañana a seis de la tarde, o más. Pero, ¡cuántas emociones!: desde el entregar a la tierra las semillas, pasando por ver a las primeras hojitas que se abrían hacia el cielo, como boquitas pidiendo vida, hasta llegar a las mazorquitas que aparecían y, día a día, se iban haciendo grandes, más grandes, y comenzaban a granar.
Un día, estando en la cocina, preparando mi almuerzo, veo unos pájaros negros revoloteando. Empiezan a posarse en el maizal. Eran unos tordos o cuervos. No lo sé bien, conozco poco de pájaros. Noté que comenzaron a picotear las mazorcas, a destrozarlas, comiéndolas. Con una escoba salí a espantarlos pero, apenas regresaba a la casa, ellos volvían a ensañarse con el maizal.
Corrí a la casa del campesino a contárselo, y él me dijo:
-Lo que pasa, es que eso ya está hecho.
No sabía qué era lo que quería decirme. Supuse que tenía relación con que había que cosechar todo.
Así era. Y así lo hicimos.
Nos dio cien sacos para cada uno. Le entregué los cien acordados al campesino y guardé los míos en la casa. Varios en la cocina.
Recomienzo con el almuerzo que estaba preparando, de lo más contento. De pronto, escucho unos golpecitos en la ventana. Miro: hay uno de esos cuervos o tordos, llamándome. Abro la ventana y el animalito que me dice:
-Mira, ¿cómo es la cosa? ¿Cómo es que tú nos sacas la comida de nuestros hijos? ¡Bien molestos que estamos!
No voy a decir que no me asustó que un pájaro, que no era un loro, me hablara. Pero tampoco iba a demostrárselo. Firme, le respondí:
-¡Y, todavía, me protestas! ¡Vaya abuso! Con el entusiasmo que sembré, el esfuerzo que me costó, el tiempo que esperé...
-Mira - me cortó el pájaro - vamos a dejarnos de parloteos, porque yo no vine a discutir esto contigo. Te propongo un trato.
-¡Habla!
-Si yo te cuento un cuento: ¿Tú, me regalas una mazorquita?
El pajarraco como que sabía que a mí me gustaban los cuentos... El cuento fue bueno, en verdad. Le entregué su mazorca y se fue.
Sigo cocinando... y de nuevo los golpes en la ventana. Me doy vuelta y otro de esos pájaros. No sé cómo me di cuenta que era otro. Pero, era. Te lo aseguro.
Le abro, y el animalito que me comenta:
-El compadre me dijo que si uno te cuanta un cuento, tú, le regalas una mazorquita a uno.
-Pero, ¿será bueno tu cuento?
-Tú sabes que nosotros podemos dar la vuelta al mundo, y nos
Aprendemos muchos cuentos. Te prometo más que uno bueno: ¡uno buenísimo!
Te aseguro que así fue: un cuento excelente. Le regalé dos mazorcas.
Claro, a partir de aquí comenzó la cosa: pájaro negro que venía, cuento que me echaba, mazorca que se iba; pájaro negro que venía, cuento que me echaba, mazorca que se iba; pájaro negro que venía... Cuando quise acordar, no me quedaba ni una. Ni para remedio.
Me fui a buscar, debajo de la cama, el cofrecito donde había guardado las moneditas de oro, las pocas que me habían sobrado de la compra de las semillas de maíz. No me daban para mucho. Pensé que podía pagarle a alguien para que me acercara hasta un palacio, pero no conocía a nadie. Resolví irme donde viviera algún familiar. Recordé que, por una zona cercana, había una mujer amiga de nuestra familia. Pensé que debía comenzar por ahí, e irme hasta su casa.
Decidí que llegaría próximo al mediodía: con el entusiasmo de vernos, la conversación, los recuerdos compartidos, me invitaría a almorzar.
Pero, conversación iba, conversación venía y nada que me dijera de comer. ¡Y tenía unas ganas! No aguanté más:
-Mujer, ¿si yo te cuento un cuento, tú me darías un plato de comida?
Como que a ella, eso de los cuentos, también le gustaba. Con los ojos abiertos como el dos de oro, me respondió:
-Almuerzo completo y postre. Si el cuento es bueno, por supuesto.
Elegí uno de los mejores, de los que me contaron los pájaros.
Emocionado, al terminar, luego de recibir mi abundante almuerzo, me di cuenta que podía sacarle provecho a esos de los cuentos.
Para la noche, recomendado por ella, me llegué a la casa de un familiar de la mujer. En los días siguientes, a casa de familiares y amigos de ellos. Así me fui convirtiendo en un cuentacuentos: compartía una historia, una leyenda, una anécdota, un cuento y recibía, a cambio, un dulce, un objeto de valor, un bastón, una muñeca de trapo, otro cuento...
¡Ah!... Hablando de eso: ¿qué me vas a dar a cambio de los cuentos que acabo de narrarte?
Bueno, aparte de un fuerte aplauso, quiero contarte un cuento, pero eso si, dame un chance, porque primero tengo que aprender a contar como tú.
Te la pongo fácil, me dijo aquel hombre, ¡toma! Y me entrego un pequeño libro azul de pequeñas historias, que parecía estar, incluso, dibujado por él.
Al cabo de una semana lo vi de nuevo, y sin pensarlo dos veces me le acerque y le dije:
“Yo conocí un  río que no tenía orillas: era enorme como una laguna. Un día quiso cambiar. Quiso ser otra cosa. Se pasó por el ojo de una aguja y se hizo finito, finito. Finito como un hilo de agua. Un hilo de agua azul y húmedo que sirvió para hacerle un traje a la lluvia.”
“yo conocí un caballo que bebió tanta agua de aquel río que, cuando nos miraba, en sus ojos, veíamos nadar a los pececitos”.
Una sonrisa se dibujaba en aquel rostro, él sabía algo de mí que ni yo, en el más profundo de mis sueños, habría logrado imaginar.
Me invitó a ir con él, a iniciar un viaje de maravillosos colores, donde el mundo puede estar al revés, donde en el cielo se dibujan rayas de tizas de colores, donde los castillos cambian de color, a conocer al mejor rey de todos los reyes, donde hasta Clotildeana me tuvo que rescatar de un dragón, fui y conocí a Víctor, a Clarisa, a Sebastián, a Juan y su pulga Juanita, a Laura Aquilina y al ogro miniatura, a tantos personajes y sus historias y a las historias de los personajes de esas historias.
Y hoy te cuanto a ti, esperando a que me cuentes a quien conociste tú.

Saturday, May 01, 2010

F.A.C.H.

Una vez leí en una de las tantas cosas que suelo leer, esta vez, una de esas cadenas que la gente reenvía y reenvía y que uno crees que no son mas que palabras sin sentido y sin emoción, pero oh sorpresa, sin querer y sin darme cuenta las lagrimas caían lentamente por mis mejillas, quería entender que pasaba, quería entender porque lloraba, busqué cual de los sentimiento por los que en mi vida había llorado, tristeza y felicidad, pero ninguno de los dos estaban por ahí, no me quedó mas que leer nueva mente el texto que ahora les cito.

"Desearía tanto q el cielo tuviera teléfono para poder escuchar tu voz. Pensé hoy en ti, eso no es ninguna novedad. Pienso en ti en silencio. Lo único q tengo son recuerdos y muchas fotos. Dios t tiene en sus brazos y yo en mi corazón. Daría todo por abrazarte por un segundo."

En ese instante y cuando me di cuenta de quien lo había reenviado, el sentimiento se hizo mas profundo, pues era mi tío, quien para mi es una de esas personas que jamás lloran, de esas que son fuertes y de las que te dan un abrazo cuando estas triste.

Después de eso me di cuanta que pasaba, ya no era solo él, yo también me sumaba a las lágrimas por  recuerdo y la ausencia física de aquel quien fuera su padre y mi abuelo. 

Lloraba porque me hacia falta. 


Saturday, April 12, 2008

Sebastian Inventa Cuentos

Monday, May 07, 2007

Gota de Amor

Si tu amor fuese una gota, viviría bajo el diluvio eternamente con la esperanza de encontrarte algún día

Cuantos y Cuantas

Cuantos y Cuantas quedaron encantadas por la magia de la palabra que de vez en cuado adornaban los alrededores de aquella mágica y joven plaza.

Cuantos y cuantas volaron alguna vez en aquel unicornio azul con alas, jugaron con ese hombrecillo de papel que recorría el mundo contando historias, o correteaban en el mejor castillo de todos los carillos donde vivía el mejor rey de todos los reyes.

Cuantos y cuantas alguna vez llamaron a aquel joven que contaba para que los acompañara a soñar.

Cuantos y cuantas soñaron con aquel príncipe da traje blanco y capa azul o con aquella doncella de delicada sonrisa y encantadora voz.

Cuantos y cuantas vieron en aquel joven al príncipe de sus sueños.

Cuantos y cuantas vivieron aun mas sus vidas con aquellos poemas de amor o historias de trises finales.

Cuantos y cuantas pasaron antes sus ojos.

Cuantos y cuantas quisieron entrar.

Cuantos y cuantas pudieron jugar.

Con cuantos y cuantas el pudo vivir.

Con cuantos y cuantas el quiso soñar.

Cuantos y cuantas le dieron la fe.

Con cuantos y cuantas el mundo al revés.

No se con cuantos ni cuantas podría vivir.

Si se que contigo a mi lado es que puedo existir

Al Otro Lado del Rio

Cada vez que me siento solo me pongo a mirar las estrellas, recordando en cada una de ellas los momentos felices que pasé junto a ti, unos mas brillantes que otros, otros con cada particularidad, y es en ese momento cuando veo a la luna, esa luna que como te dije alguna vez, es la guardiana de tu belleza, esa luna que hace preguntarme... ¿qué estarás haciendo allá del otro lado del río? ¿en los brazos de quien estarás, oyendo esas infinitas palabras que tanto te decía y algunas otras que te dejaba de decir o quizás nunca te dije por que no lo creí necesario? sin embargo a pesar de los celos que aun me dan al imaginarme esas cosas, me quedo con la tranquilidad de saber que cada vez que veas la luna sabrás que yo también la estoy mirando desde este lado del río, porque fui quien te enseñó el lenguaje de las hadas y los duendes para poder interpretar la sonrisa de la luna y saber que estamos ahí dentro de ese cofre mágico en la mitad de nuestro pecho, así estemos a miles de kilómetros de distancia, imaginando que estará haciendo cada quien de su lado del río.

Virginia

Tu que naciste en las pampas del llano,
Traída al mundo desde el oriente y el centro,
Magia, mujer y trabajo,
Belleza innata rutila en mis ojos,
Que orgullosa presencia en mi cargo,
Madre del canto y el cuento,
Cuento que cuento contando,
Tú que me das las esperanza,
Por la vida vivida a tu lado,
De ti dulce flor de los llanos,
Nazco en las tierras del canto,
Crianza de mimo y amor,
Te debo la vida mi madre,
Quien te quiere, te ama y te extraña,
A ti Bendita Virginia del Valle.

Mirada

Abro la puerta y mi corazón arde como el magma, mi sangre se congela hasta llegar a la dureza de una roca, mi cuerpo inerte como el vacio, el tiempo se detiene y la eternidad se abre paso, la luz se esconde, la penumbra se apodera de mi mundo y solo una luz irradia en él, y es cuando todo mi ser se da cuenta de que frente a mi…

…estas tú.

Expresiones de un Corazón Anhelante

Te vas y regresas como la bruma del mar cada mañana, sin despedirte siquiera, pero me quedo con el consuelo que día tras otro estarás allí, aunque no se si notaras que te quiero, solo me queda el recuerdo cuando te cruzas en mi, y calmas mi sed de ser aquel en el que solo tu puedes engendrar la vida momentánea en un instante de eternidad.

Instante de Ti

Se dice que solo durante un beso de amor verdadero se puede conseguir la felicidad, también hay algunos que defienden a la felicidad como ese instante de eternidad, por eso yo digo que cuando logre besarte sentiré por un instante que significan tus labios en la suspensión del tiempo

Olvido

Hoy cuando me acuerdo de ti, me siento como una persona invisible, ya que teniéndote tan cerca te siento te lejos que mis esperanzas desfallecen y aunque se que tengo todas las de perder, sigo constante en un sueño imposible, porque te debo muchas cosas como son… lo lindo que es expresarse a través de un lápiz y un papel que son tan insignificantes que en ocasiones olvidamos que existen así como tu te olvidas de mi.

Daniela

Te cruzas en mi camino y haces que todo lo demás se haga a un lado para poder ver tu bella silueta reflejada en el mar de mis sentimientos; saber que un poco de atención te puedo robar, no me importa si para bien o para mal, simplemente con la intención de que sepas que existo y eso me basta, por eso escribo lo que lees, gracias.

Después de oír tus palabras no me importa morir, ya mi vida se habrá completado, eso si, mejor si muero en tus brazos, que son los dadores de mi vida, morir en los que me hacen vivir.

Vivir, morir, ser o dejar de existir, no lo sé… solo sé que algo en ti es parte de mi, me das esa inspiración que no sé por que nace, quizás por el par de esmeraldas incrustadas en el nácar de tu rostro, y los rubios cabellos que al compás del viento como hilos de oro se confunden con los mas brillantes rayos del sol al ocaso.

Miradas van, sentimientos vienes, y nuestros cuerpos que se mantienen alejados temerosos de confundirse entre si y llegar al punto de parecer ser solo uno.

Pensamientos aturdidos que surgen por esa fuerza inexplicable que te empuja a hacer, pero que te frena al no saber que pueda pasar.

Que impotencia se siente al estar atrapado frente a un mago con la cara de cristal.

Aunque quiero dejarme llevar por mi mente, que se abre a las posibilidades infinitas que surgen en estos casos, pero no, no lo creo debido.

Hasta mañana.